Si a esto agregamos el llamado espiritual, la necesidad de Sentido, la intuición de que soy más que mi cuerpo, mi identidad, mis roles, de que la vida tiene un sentido más allá de sólo funcionar, acomodarme, asegurarme o tener experiencias interesantes, el tema se vuelve aún más complejo.

Es difícil ser humano, muchas fuerzas nos constituyen vivimos donde viven los animales y los ángeles; la conciencia trascendente y la materia.

Nuestro gran desafío es alinearnos e integrarnos trayendo a lo concreto el poderoso amor del Ser y ello se hace bajo el manto de la conciencia pura, de la paz de nuestra esencia.

Cuando aquietamos la mente y abrimos espacio al Ser, ese Gran silencio y sabiduría se derrama a nosotros, todo comienza a vibrar en un nuevo compás armónico.

Entonces ya no somos múltiples impulsos dispersos, sino Uno integrado y coherente, mente, emoción y cuerpo se sintonizan en la claridad y potencia del Ser.

Actúan en claridad, sin esfuerzo, tensión ni cansancio.

Se hace poco y se logra mucho.